• ¿Tu suegra nunca le regala nada a tu hijo? ¡Autoabastécete y pasa de ella!

Duelo de consuegras

Puedo contar mil y una historias sobre mi suegra y puedo contar mil y una historias sobre mi madre; pero sólo puedo contar una historia sobre: el Duelo de consuegras. Algo me decía que el día en el que mi madre y mi suegra coincidieran en espacio y tiempo, cualquier capítulo número 9 de Juego de Tronos quedaría en una anécdota. En los quince años que llevo con mi pareja no había habido necesidad de que las familias políticas se conocieran, más allá de alguna coincidencia no programada. Quizás a sabiendas de la absoluta incompatibilidad entre consuegras, decidimos que lo mejor era no casarse jamás. De eso que tenía vergüenza de que mi madre supiera quién era la familia de su tan amado yerno. Por supuesto, una vez se anunció la nueva de que íbamos a ser padres, la maquinaria suegra y madre se puso en marcha. Ya os comenté la metamorfosis …

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Mi suegra y la metamorfosis de Kafka

De buenas a primeras, podríais pensar que este post iba a estar relacionado con la obra de Kafka (que es un poco como El Quijote, parece que Cervantes sólo escribió un libro), pero no. Este post trata de mi suegra, en un intento por entender qué clase de fenómeno científico pasó en su cerebro, para pasar de una suegra ideal a lo que tengo hoy día.

Por supuesto, todo cambió el día que anunciamos en casa de mi familia política que estábamos esperando un bebé. Ese día, lo hemos vivido todas, es como cuando sopla viento sur, que a todo el mundo le da un telele y ocurren cosas inexplicables (a Iker Jiménez le daría para un monográfico de un mes si no fuera por su empeño en hablar de psicofonías mal grabadas). Ese día perdí a mi suegra y se convirtió en un algo incontrolable que nunca más pudo ser domesticado.

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